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06/04/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

Cárceles cubanas en tiempos de coronavirus

¿Cómo enfrentar la pandemia en celdas y espacios reducidos, donde los presos se encuentran en el mayor hacinamiento posible?

LA HABANA, Cuba. – Ahora que la curva de contagios por coronavirus alcanzó su pico en Cuba —según las autoridades sanitarias— y que los medios de comunicación menudean los consejos y comentarios sobre la conducta responsable que la población debe tener ante el brote, no he podido evitar que mis pensamientos se dirijan a los más infortunados: los reclusos.

Ante todo, pienso en mi colega por partida doble —por ser abogado y periodista independiente— Roberto de Jesús Quiñones Haces. También en el líder opositor oriental José Daniel Ferrer. Y en toda la larga relación de cautivos políticos y de conciencia generados por el régimen dictatorial implantado en Cuba por el castrismo.

Pero no sólo en ellos. Como se sabe, entre otros logros del régimen castrista, está la increíble multiplicación del número de presos. Si antes de la Revolución no pasaban de cuatro mil, hoy ese número se ha multiplicado por más de 20. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional señala que, en lugar de las 14 cárceles de antaño, hoy son varios centenares los centros de diverso tipo en los que se mantiene encerradas a personas.

En esas sucursales del infierno imperan la promiscuidad y el hacinamiento. Las escenas que vemos en películas extranjeras, de celdas que alojan a un solo recluso (o hasta cuatro, a lo sumo), son sólo eso: imágenes exóticas de una realidad que resulta inconcebible en nuestra desdichada Cuba de hoy.

Cabe aclarar que no siempre ha sido así: en la tercera década del Siglo XX, bajo el gobierno de Gerardo Machado, se erigió en Isla de Pinos el llamado Presidio Modelo. Pese a la propaganda negra que han tejido sobre él los agitadores comunistas, la institución bien merecía su nombre: allí, por primera vez en Cuba, se implantó el aislamiento celular nocturno.

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A worrying glimpse into Chinese reality & the Wuhan/Wenzhou connection

Many commentators and experts argue that China has undergone such substantial changes that it is no longer a Communist, Maoist, or Marxist system, but a somehow moderate system of centralized capitalism.

Nonetheless, the current dictator has been consolidating his power in recent months and has been affirming it even further since the Covid-19 crisis unleashed. In fact, President Xi Jinping also leads the nation's Communist Party and he recently moved to be made president-for-life through the elimination of term limits. This means that he and his Party have shielded the traditional Chinese totalitarian system to effectively control all aspects of Chinese citizens' lives. In other words, their agenda is to maintain power through a sort of "Sinicization", forcing their subjects to comply with what they claim are "Chinese cultural norms".

However, this system is not part of a legitimate aspect of historical Chinese culture but of the Party's repressive policies truly reflective of militaristic, totalitarian (so called Communist) rule violently forced upon the Chinese people since Mao Zedong grab power 70 years ago.

Among the most outstanding repressive signs of this regime are the coercive family planning policies that go so far as to force abortions, as well as spying on its population through video and other digital monitoring (e.g. massive implementation of facial recognition with no legal procedures involved) and a system of measuring each citizen according to Party loyalty through centrally documented indexes called the "social credit score system", thus controlling each individual's social status and opportunities in their lives. In addition, China has a very limited degree of religious tolerance that allows a restricted practice of Buddhism, Daoism, Islam, Catholicism, and Protestantism only. No other belief is permitted; not even under state control.

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Oportunidad de unir, desperdiciada

Cuando comenté con amigos fuera de Nicaragua la circular de la Ministra de Salud (MINSA) del 28 de febrero, exactamente hace un mes, en la cual se afirma que “Nicaragua no ha establecido, ni establecerá, ningún tipo de Cuarentena”, muchos de ellos reaccionaron con estupor. Uno de ellos, médico, me dijo que en su campo de profesión, y así verifiqué en el diccionario, estupor es un “estado de inconsciencia parcial caracterizado por una disminución de la actividad de las funciones mentales y físicas y de la capacidad de respuesta a los estímulos”. Pero en este caso, el estupor no es momentáneo, si se presta atención al hecho que una vez más, el gobierno ha tenido oportunidad de unir a Nicaragua, y en cambio ha profundizado la división.

Es primera vez, desde la masacre de abril, que este gobierno pudo adoptar el talante de gobernar para todos, ante una amenaza que ha unido a muchos países internamente, pese a importantes diferencias políticas, pero ha perdido la ocasión.

El coronavirus no distingue de clases sociales y filiaciones políticas. Ortega, sin embargo, se empeña en hacerlo. Autoriza a colegios privados que cierren, mientras escuelas y colegios públicos permanecen abiertos, en discriminación odiosa contra sectores medios y populares cuyos hijos asisten a ellos, y en muchos lugares, incluso, son los únicos que existen. Y mientras medios de comunicación independientes, como canal 10, abren sus espacios a representantes del gobierno, que algunos aprovechan para hacer propaganda política, los mismos no tienen acceso a fuentes oficiales. Ni siquiera libera presos políticos, cuando el mundo reclama salgan algunos comunes.

La irresponsabilidad del gobierno ha marcado contraste con Iglesias, que incluso la Católica han prescindido de procesiones en Semana Santa, gremios empresariales, medios de comunicación independientes, organizaciones de la sociedad civil, y de oposición como Alianza Cívica y UNAB, que han divulgado recomendaciones para evitar contagio. Y en el tráfico vehicular disminuido, playas, tiendas y restaurantes vacíos, salvo mercados de alimentos y farmacias, se aprecia que los ciudadanos las toman en serio.

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The Covid-19 crisis - Are we shutting Ourselves??

The question is whether it is necessary to adopt the Chinese formula and shut the whole country down,"

Beatrice E. RangelBeatrice E. RangelThe last ten days have had the virtue of inserting us into a worldwide reality show aimed at paralyzing our brains with fear and turning the world at large into a immense farm of automatons.

We thus aimlessly run to the supermarket to grab everything in sight.

We have cleaned each closet about ten times.

We have cooked a pool of jams, soups and sauces.

We have ironed and starched grandma's table cloths and bed spreads for the first time in ten years.

And we have cleaned our computer systems of digital garbage.

A price tag for this laborious dedication to domestic chores and digital cleanliness just for the U.S. would be close to $317 billion. Indeed, the Bureau of Economic Analysis has found that if the value of household production were included in gross domestic product (GDP), it would add approximately $3.8 trillion to the U.S. economy.

In contrast the country shutdown will most probably munch up about 10% of our GDP, which means we will lose about $ 1.9 trillion.

To be sure, should we add the losses attributable to paralysis in the most vulnerable activities such as transportation services, restaurants, lodging and entertainment services, the tab reaches $175 billion per month or $2.1 trillion a year or 14% of consumer spending. And the ancillary cost in reduced payrolls represents $574 billion.

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Juan Padrón y la Revolución cubana

Pero por encima de cualquier manipulación, la obra artística de Padrón tiene sus valores intrínsecos, que serán los que perdurarán

LA HABANA, Cuba. – Ayer se dio a conocer la noticia del lamentable fallecimientodel destacado cineasta cubano Juan Padrón, creador del icónico personaje del coronel mambí Elpidio Valdés y de otros muchos que alcanzaron merecida relevancia en el mundo de los dibujos animados.

Tuve ocasión de palpar el notable impacto alcanzado por la obra de este ilustre compatriota en circunstancia aciagas para mi persona y en lugares insospechados. Me refiero a las dos temporadas en las que tuve la desgracia de ser hospedado por cuenta del régimen castrista en islas del “Archipiélago DGP” (Dirección General de Prisiones).

Siguiendo una regla implantada desde hace décadas por los comunistas en esos parajes tan poco recomendables, quienes nos encontrábamos allí por motivos políticos teníamos que convivir con reclusos comunes de toda especie. Se trata de una forma deliberada que tienen los miembros de esa secta para incrementar los padecimientos de los cautivos de conciencia.

Pues bien: entre esos compatriotas tan problemáticos con lo que cohabitábamos (ladrones en su mayoría, pero también algún que otro asesino o violador), me llamaba poderosamente la atención el tremendo interés que despertaban en ellos los “muñequitos” de Elpidio Valdés. Los habían visto tantas veces que algunos se los sabían de memoria y, mientras se desarrollaba la acción, no era raro que repitieran íntegramente los diálogos.

Claro que el régimen de La Habana procura manipular los sentimientos patrióticos que pueda despertar el carismático coronel mambí. Igual hacen con la figura de Martí, que han convertido nada menos que en “autor intelectual” de la terrible matanza entre cubanos que fue el asalto al cuartel Moncada. La propaganda oficialista pretende identificar a ambos personajes (el real y el de ficción) con lo que ellos llaman “la Revolución”.

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